martes, 4 de febrero de 2014

Desprenderse del atracón II

La herencia del atracón

Seguimos a toda máquina, me gustaría que pensemos un poco sobre las herencias históricas en nuestras mesas. Por ejemplo en mi caso tengo a mis abuelos maternos que son gallegos, unos tiernos y unos geniales para muchísimas cosas. Las circunstancias de la vida capitalista hicieron que mi madre se tuviera que conseguir al menos dos trabajos para poder mantener la casa, y con el rol desdibujado de mi padre en cuanto a la administración y economía del hogar surgió la necesidad de que mi abuela nos cuidara.
Entonces como podemos describir los hábitos alimenticios de dos personas que habían escapado de la hambruna en la cruel España franquista, no fueron los más ortodoxos y respondían a los estudios nutricionales de época. Me crie en la sobreabundancia de comida, tanto de opciones saludables como de otras que no lo eran tanto.  Por sobre todas las cosas estaba la cuestión de comer bien como sinónimo de comer mucho. Si bien había más opciones que en mi casa, las opciones que me proporcionaban no tenían que ver con el cuidado del cuerpo sino con no pasar hambre. El cuidado del comer simplemente se limitaba a que haya para comer bien y esto significaba comer calórico y abundante.
A más de uno seguro le llamara la atención que en las fiestas en las casa de inmigrantes españoles, italianos, etc. Se come como si fuera el último día en la tierra. Por supuesto abundan en la semana del 20 de diciembre las propagandas que por un lado hablan de los riegos de ingestas excesivas y por el otro pasan los precios con aumentos, de cada año, de los productos a engullir.  Pero en la mesa navideña se juega esa cosa del exceso, la exuberancia con los platos atípicos en la cotidianeidad y una especie de libación.
Lo loco es que si bien regía y rige esta cosa por comer desmesuradamente en lo de mis abuelos, también está muy mal visto el sobre peso. Mi abuela es una defensora del ideal imposible pero a la vez ha llegado a obligar a que comamos en abundancia. Entonces en mi adolescencia cuando empecé una serie de dietas para bajar de peso, me costó muchísimo que mi abuela me ayudara a resignar su lógica del embuche.  La comida ya para ese entonces se transformo en una hoja de doble filo, por un lado era símbolo de festejo / recompensa y por el otro era signo de estigma social. Durante muchos años me dio vergüenza comer en público por mi condición física gorda e incluso en mi corta delgadez.
Dos mandatos se jugaron ahí uno la cuestión heredada de mi familia comer bien, llenarse, atracarse y por el otro el deber ser ese ideal corporal ajeno lánguido flaco hasta la muerte. En la contradicción el atracón adquirió una especie de fundamento metafísico, como mecanismo que cumplía junto al vomito los dos mandatos. Comía por deber a otros y vomitaba por deber a otros.  Años después hago esto escribo sobre lo que vomite que fue una angustia total por no comprender lo irracional de estos mandatos que a la vez se anidaban cultural y socialmente en todos los estratos de mi vida. Estar flaco implica para esta sociedad el acceso ilusorio a una suerte de derechos ganados por mantener la boca cerrada pero a la vez nunca dejar de consumir.
¿Qué futuro nos queda si solo podemos ser flacos?
No culpo a nadie, porque ser gordx es mi elección y significa aceptar el cuerpo que tengo. Sin embargo me parece absurdo obligar a un niño o un adolescente a que se “normalice” mediante dietas y demás a fin de estar dentro de lo normal y lejos de la gordura tan patológica como se nos la pinta. Especialmente que cuando no están dentro de la talla por así decirlo, se los invisibiliza y excluye. Ahora nadie reflexiona sobre las condiciones de vida familiar de estas personas. Condiciones donde quizás no tienen acceso a lo “saludable” porque es muchísimo más caro y para ciertas clases sociales. Tampoco tenemos programas  de educación alimentaria y de hábitos saludables. Pero como sociedad se exige una belleza inmaculada sin un gramo de grasa, una virilidad extrema que invisibiliza la violencia de género, un cuidado extremo de las mujeres que las hace una y otra vez objetivarse.
No solo se ha incrementado la persecución a los gordos mediante realitys y demás. Sino que se están por implementar lógicas aun peores de exclusión contra los gordos. Mientras tanto algunos soñamos porque se controle y amplié la ley de talles. Tengamos educación sobre los hábitos y no normalización sobre los cuerpos.


Pero por más invisible que se la haga, la grasa puede hablar y no solo habla de uno y su cuerpo sino que vocifera sobre una sociedad que excluye, castiga y denigra a aquellos que no elijen vestir un talle extra small.

lunes, 3 de febrero de 2014

Desprenderse del atracón


Desgraciadamente, con una mirada un poco ingenua, podemos dar cuenta de uno de los males que cultural y socialmente se sostiene tanto del Estado como la sociedad en general: “La del buen comer”. Me  parece que lo podemos abordar pensando tres ejes: las vacaciones o la cultura general del atracón, la herencia del atracón (como perspectiva historia de las formas de comer culturales que tenemos) y la conformación de identidades que remiten a un cuerpo biológico y que a la vez no lo hacen (la ambigüedad que nos obliga a adoptar el imperativo de la belleza perfecta y permanente que circula en todos los órdenes de la vida.
Hace unos días venía pensando que uno puede pensarse desde los hábitos alimenticios y su relación con el cuerpo. Con esto no estoy describiendo físicamente ningún cuerpo.
De la cultura general del atracón
Por ejemplo, desde hace un tiempo que vengo trabajando en la que llamare “mi lógica del atracón”. Este verano hice un esfuerzo para no irme al extremo de las malas conductas alimenticias. No comerme 15 churros, no clavarme un helado por día, etc. Se transformo en una especie de análisis cultural al ver diversos fenómenos frecuentes que suceden en los centros vacacionales. Ya que  lo loco es la actitud cultural que uno encuentra en las vacaciones en relación a ingestas desmesuradas y cuerpos que tienen un impacto de doble cara. Dentro del tema de la oferta de alimentos, un buen ejemplo es que muchos de los lugares de comida que encontramos tenía poco o nada en oferta saludables, pero si abundaban los fritos con altos contenidos grasos, que dicho sea de paso ni a gordxs, ni a flacxs hace bien.  Los pocos platos saludables eran insustanciales. Uno de mis amigos eligió una ensalada y con suerte era un plato de postre miserable, con lechuga sin madurar cuasi verde y unos pedazos inexistentes de remolacha. Claramente acceder a esta opción era muchísimo más caro que una minuta al paso como un sanguche de mila con fritas.
Por un lado, podemos preguntarnos por qué se mantiene una cultura de la dieta de octubre a diciembre y un desbarranco alimenticio a partir de las fiestas y principalmente en las vacaciones. Puesto que podemos dar por hecho que  la cultura alimenticia que tenemos los argentinos deja mucho que desear.  La especulación que surge no solo en restos sino también en los comercios o almacenes era increíble. Otro indicio es que el kilo de manzana o bananas salía un 50% más que en la CABA y significaba un 30% más respecto del aumento general que había en los precios del lugar.
Y por ultimo no olvidemos al churrero que pasaba una vez cada cinco minutos o a los puestos de choclos que dentro de todo era lo “más saludable” de la oferta.
Se puede realmente optar por hábitos saludables en las vacaciones y hablo exclusivamente yendo a la costa argentina. O es todo parte de un flujo del mercado del consumo que nos obliga a entrar en la bikini xxs y a la vez comernos una docena de churros.
En lo particular puedo sentir la violencia sobre mi cuerpo, sobre las directivas sociales y culturales que obran sobre él. Que le imponen modelos imposibles pero que a la vez nos muestran lo que sería  la “decadencia”  porque vemos cuerpos reales en la playa, cuerpos no normalizados por la policía de los cuerpos.  Pero a la vez encontramos refuerzos sobre estos estereotipos: las promotoras mega delgadas ofreciéndonos bebidas llenas de azúcar, los alimentos altos en contenidos graso, la escasa posibilidad de acceder a alimentos más saludables por sus altos precios.  No obstante, quiero señalar que lo más importante en esto que señalo es que no hay ni una impronta cultural, ni política por comer saludablemente.
Donde el imperativo que se deja traslucir es todxs los cuerpos deben ser hermosos frente a este ideal de mercado, más allá de los límites corporales, los hábitos alimenticios saludables o la salud psíquica de los consumidores.

Para la próxima sigo con el siguiente apartado.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La expresión del gordo

O corolario a las consideraciones a la libertad de elegir.

Las repercusiones del post anterior son tanto positivas como negativas. Por un lado me pone muy contenta la proliferación de comentarios y de las llamadas historias de gordxs que hacen de las singularidades un espacio común, donde se transforma en comunidad y en potencia para pensar el cambio. El negativo para mi esla formación academica que tuve, que  es la dificultad que encuentro para presentar algunas ideas de manera mas clara y accesible. Porque mi deseo es que el que me lee, me lea realmente en parte en honor no solo a mi sufrimiento y mi odio corporal que trato de transgredir y resolverse en lo que soy . Sino porque creo que algunas herramientas podemos cambiar el espacio donde vivimos. Pero para ser mas clara hay dos cosas. Que quiero resaltar a partir de los comentarios sobre el cuerpo, entendido como objeto de estudio y a la vez a la como centro de percepción, de hambre, de vacio, de amor y deyeccion.
Primero quizas voy a apelar a dos cosas a mi historia y a sus historias para tratar una serie de temas que merecen ser mencionados, por el solo hecho de aparecer en sus opiniones e historias. Entre estos listo algunos grandes temas:
1. Dietas y alimentos dietéticos: son necesarios o no. Cual es su origen y cual es su función politica y economica en la logica del consumo y del consumo de determinados estereotipos corporales.
2. Prejuicios y construcciones sociales en torno a la fiura del gordx
3. Lógica de la exclusión por el IMC, falta de talles, falta de educación sobre las concepciones de cada uno de nuestrxs cuerpos.
4. Reproducción de la logica de expulsión de los gordxs por los gordxs

Entre otros.

En segundo lugar, pensando el cuerpo como lugar que hábito y que es un lugar donde se pone en juego mi forma de figurarme en el mundo. Figurar entendido como la capacidad infinita de percibir sentidos y construirlos.  Donde esto va estar dado desde la libertad de elegir y la responsabilidad sobre las logicas que subyacen. Es decir, que podemos pensar que a partir de nuestra forma de ser, de reconquistar estos cuerpos por fuera de la norma, por habitarlos, por amarlos, etc. Que irremediablemente es necesaria pensar las formas de exclusion de los  cuerpos. Y en particular de los cuerpos gordxs que es a
Lo que me atraviesa y me interpela. Porque es a mi y a este que es mi' cuerpo a el que no. Le entra la ropa, al que le duele mirarse y al que temo profundamente ya que en el radica el verdadero acto de soberania.  Entendiendo esto ultimo como la capacidad de representarnos mas alla de una logica de reproducción de canones corporales establecidos.  Si, este es mi Bataille del cuerpo y claramente es una reivindicación de esa grasa que nos cuelga y nos constituye como gordxs.
Quizas todo esto es un doble movimiento claramente vitalista entre pensar una descripción filosofica y politica de nuestrxs cuerpos.  La doble cuestión entre que soy y que hago con lo que soy.
Por ahi y pensandolo como una afirmación secreta, hay una forma de hacer hablar a nuestrxs gordxs y hermosos cuerpos, esta forma de reencontrarse con el mismo es sin duda la de la desinvisibilizacion de las lógicas de exclusión.
Simplemente poder ser gordx sin ser discriminado y excluido.

Seguimos al habla amigxs!!

domingo, 10 de noviembre de 2013

Consideraciones acerca de la libertad de elegir



Bueno aquí estamos de nuevo, paso un tiempito entre las jornadas de estudiantes de la facu y otras actividades. Sin embargo nunca es tarde para volver.
Hace un tiempo me puse a pensar en algo que me llamo la atención cuando tenía 16 años. Quizás me puse a pensar en esto ahora dada las circunstancias, ya que cambiar los hábitos alimenticios parece no bastar solamente para restablecer mi salud. En resumidas cuentas necesito de alguna manera incorporar actividad física a mi vida cotidiana.
Les contaba de este suceso, resulta que a los 16 años luego de 3 años y medio de dieta dura y sostenida baje 46 kilos llegando a pesar 51 kilos. Ya cuando alcance este ínfimo peso, fue mas que nada por mis trastornos alimenticios exacerbados: anorexia  y principalmente bulimia. Quizás ahora lo pienso mientras escribo, no habría parado a no ser porque el cuerpo se volvió a hacer notar. No se podía seguir así dado que me desgarre el esófago y me provoque lesiones en el estomago de las reiteradas veces que vomitaba. Tan bien con estos extremos hábitos se bajaron mis defensas entre otras cosas. 
Cuando lo cuento así parece una cosa ajena, lejana y que me alcanza otra vez.
Quería bajar de peso más sin límite pero más que nada me horrorizaba volver a ser invisible: volver a engordar. Podría hablar muchísimo de los fundamentos de mi ayuno y de mis vómitos pero en realidad quería hablar de otra cosa.
Entonces cuando toque fondo decidí que debía hacer terapia  algo para sentirme mejor porque estaba muy deprimida. Ahí fue cuando empecé con un tratamiento psicológico en el Tobar García, me atendía un psicólogo (entre todos los otros especialistas que veía) que se llamaba Esteban. Me atendía en el primer piso donde había un largo pasillo que daba a una ventana. Había unos bancos donde esperar y siempre a esa hora cuando llegaba miraba esa ventana que me chocaba muchísimo porque esta enrejada con rejas color rojo contrastando con el celeste pálido hasta la lividez de las paredes.
Siempre que entraba al consultorio tenía mucha vergüenza, más que nada porque hasta ese momento había sido un mártir de las responsabilidades y de la auto gestión. No se que me daba mas vergüenza si la situación de descuido de mi cuerpo o mis valores morales contradictorios sobre la perdida de control sobre el mismo. La cuestión es que cuando entraba casi no lo podía ver a la cara al señor psicólogo, y siempre entonces miraba al escritorio y ahí estaba escrita como un rasguño, como una llamada de auxilio tallada por algún otrx secreto que parecía entenderme, la palabra LIBERTAD.
La contradicción lo hacía más atractiva era una potencia, salir de esa prisión que era el cuerpo. Pasaron las sesiones, los años, la vida y el cuerpo fue borrado. Cuanto más lo borraba más obraba en mi esa falsa libertad, ese escapar del cuerpo y a la es se reafirmaba en malestares y deterioro.
(( Pedro me interrumpe y todavía me da vergüenza aunque medie la palabra que vea lo que escribo, parece que los viejos hábitos se resisten))
Hace un tiempo cuando empecé a cambiar mi forma de ver el cuerpo y aunque me falte muchísimo por recorrer  pienso que ya no tengo vergüenza. Y no me siento obligada a bajar de peso, etc. Quizás lo más increíble es que cambiar los hábitos a hábitos saludables si fue la primera decisión libre que hiciera respecto de mi cuerpo. Sin borrarlo, sin obviarlo sino aceptándolo como es. Ahí me parece que esta la libertad cuando elegimos habitar el cuerpo y no vivirlo a partir de las consideraciones de otrxs.
Muchos días con las elecciones que hago, cuando voy a verla a Laura mi nutricionista tengo que luchar para no caer en las exigencias sociales, medicas y por sobre todo moralizadoras del cuerpo. Porque si este proceso solo es una dieta eventual y no un cambio de perspectiva respecto de los usos que le daba, le doy y le daré a la comida nunca voy a poder habitar el cuerpo que tengo.

Me parece que cada día es un paso y una elección libre en un sentido muy positivo. Elegir por uno y a partir del cuerpo que tiene uno.

Saludos a todxs


viernes, 11 de octubre de 2013

Las líneas "oficiales" del peso o como manejar ciertas frustraciones "medicas"




Investigando un poco encontramos en la página del Ministerio de Salud de Nación algunas nociones básicas sobre el diagnostico del sobrepeso como una enfermedad. Me parece que podemos hacer algunos señalamientos tanto positivos como negativos.

1) El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa en el organismo que puede ser perjudicial para la salud.
 Bueno primero podemos comentar un poco el tema de la definición, lo interesante es que los factores nocivos de la obesidad serían contingentes, porque se daría o no en un estado de cosas determinado. Es decir no hay una afirmación de que si alguien tiene sobre peso necesariamente se va a morir de cualquiera de los factores de riesgo que "supuestamente" se exacerban con el aumento de peso. Me pareció sumamente importante señalar que esa potencialidad se da en un anomalía que puede funcionar sin volverse algo negativo. 

La verdad que es aun tan controversial ese "podria ser" que remite a pensar varias cosas y, paso a la primera persona. 

Estos últimos días me pasaron varias cosas que tienen que ver con la forma en la cual el mundo normativiza a las personas respecto de su cuerpo. Primero la Ginecóloga me dijo que no puedo tomar anticonceptivos, esto era una constante entre varios especialistas pero nunca me decían  el por qué. Bueno resulta que los anticonceptivos solo se prueban hasta 110 kilos. Osea que cualquier persona que quiera consumirlos tiene que estar debajo de ese rango ya que no se ha comprobado el nivel de efectividad. En todo caso hay varias posturas que se pueden tomar de esto. En primer lugar podemos pensar que las industrias farmacéuticas deberían hacer estudios de efectividad en rangos mayores de peso. Por otro lado la cuestión que venía charlando hace un tiempo la habitabilidad del cuerpo. Cuando nos damos cuenta que nuestra corporeidad que en particular deje de lado tanto tiempo, ya no puede habitarse. No por el exceso de peso sino por las cuestiones patológicas a tratar no relacionadas con esto. Por supuestos las actitudes médicas son variadas, ejemplo claro la ginecóloga hablando de la patología que era el sobre peso. No el ovario politicastro  la disminución de la fertilidad o la prolactina alta. 
Entonces, a  mi en particular se me juegan dos cosas:
1) la posibilidad de estar saludable bajando un poco hasta llegar a mi peso elegido (y este peso fue elegido por mi y no por el IMC) no por una cuestión patológica sino por esto de que ya en estas condiciones estoy condicionada en el andar, en el moverme libremente y principalmente en el hacer. (Por ejemplo ahora escribo con las piernas levantadas para bajar la retención de líquidos)
2) la posibilidad de tratamiento sobre las causas efectivas de los trastornos hormonales, es decir, no puedo tomar cual o tal medicación porque no entro en el rango de peso
3) la posibilidad de ser tratada sobre la base del respeto de mi modo de ser gorda. Con esto voy a que muchos profesionales de la salud sacan sus máximas de aquí y allá  terminando de trata a las personas gordas como flojas, que no siguen los tratamientos, ni lo indicando. 

Retomando el tema que empezó el post, uno puede elegir ser gordo sin tener que por eso ser estigmatizado. ya que el sobrepeso puede ser y es contingente, nocivo o no para la salud. Ahora tenemos que revisar que queremos decir con "salud"  "habitabilidad",etc. Ya que me parece que cada una de las nociones encierra un doble juego una definición estándar una posibilidad de devenir, preconfigurarse, variar distinta en cada persona. 
También hay que mencionar que así como uno encuentra estereotipos negativos en el ámbito medico, encuentra gente abierta y positiva decidía a escucharnos. Con lo cual yo no digo dejen de ir a controlarse o cuidarse sino que prueben y expliquen lo que les pasa. 

Este miércoles que pese fui con Laura mi nutricionista y le lleve los registros de lo que fui comiendo que me vinieron al pelo, para ver si comía saludablemente o no. Lo que paso desde que considero que debo poder moverme en el mundo y esto en un sentido amplio como el de vida. Es decir que el mundo sea vivible en tanto que lo puedo habitar. Bueno la cosa es que no baje nada y distinto de otras veces no me frustre ni me sentí mal, ni me presione; tengo que mejorar algunas cosas pero eso no significa que tenga que sufrir, ni verme mal o sentirme peor. Hay elecciones que son difíciles de llevar a cabo elegir comer bien y cuidarse es muy difícil en un medio donde los estimulo nos llevan una y otra vez a elegir consumir cosas que nos hacen mal. Un ejemplo sería la cantidad de lugares de comida rápida o chatarra que hay, la falta de variedad de comidas de tipo saludables (que sin embargo ha crecido muchisimo), la normatividad de la moda que nos hace consumir estereotipos poco saludables. Las elecciones son difíciles pero son un acto de libertad y esa libertad opera en nuestro cuerpo. Recomponernos, recuperarlo es algo que lleva tiempo cuando uno paso tanto tiempo odiándolo,  escondiéndolo o omitiendolo.

Marilyn Wann dijo "El closet de una persona gorda es una vida no vivida, llena de odio a sí mismo"

Y esto es lo que tenemos que erradicar que es el odio, la discriminación y la invisibilización de las personas gordas. Cuando empecemos a cambiar este punto de vista, seguramente quedaran muchisimos por los que trabajar, pero al menos cambiar una perspectiva nos permite acoger y dejarnos llevar cuando sobreviene la diferencia: Ser gordo es una manera más de ser. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Se predica con el ejemplo

Bueno la verdad que estos días me estuve informando muchisimo con varios articulos, links y libros que muchos de ustedes que leen esto me fueron pasando. En primer lugar les quiero super agradecer porque no solo es material valiosisimo sino que además da cuenta de una gran sensibilidad con el tema de los gordxs.

Cuando hablo de predicar con ejemplo me refiero no solo a asumir el tema como una identidad y una reivindicación dentro de los derechos de igualdad de una diversidad corporal abierta y cambiante. Sino también asumir cuando se da de hecho una consecuencia negativa y trabajar sobre ello. Quizás como dirian algunxs de los Simondoneados es tratar con esa metaestabilidad corporal. Siempre estamos compensando ese delicado equilibrio una y otra vez...                                                                                                                    

jueves, 26 de septiembre de 2013

La emoción por las ensaladas! Un mito ??

Bueno hoy tuve una experiencia satisfactoria con la ensalada, fue una especie de milagro. Lo viví como una especie de aparición renacentista de la virgen. Para hacerla sencilla la explicación me sorprendió mucho que me gustara tanto y luego de comer que me sintiera tan bien. Estas cosas no suelen pasar cuando una ensalada se vuelve un sinónimo de PASTAR - sí como las vacas- y la comida se vuelve una obligación más. 
Muchas veces en tantos años de hacer y dejar dieta me ha pasado que el pastar se volvía decisivo para exigirme sin control y terminar abandonando la dieta. Y si voy a recuerdos muchísimo más atrás me acuerdo que en mis jornadas anorexicas no comer se trataba de exigir un estado de inalterabilidad mental. En eso giraban una y otra vez las imágenes de los brahmanes indios que hacen ayuno por semanas. 
Porque una dieta tiene que ser sinónimo de sacrificio o tener un telos. Me parece que quizás momentos en los que comes, te sentís satisfecho y te sentís bien, pero a la vez todo eso se conjuga en que te comiste una ensalada. Lo mejor que sacas de todo eso es que se puede vivir mejor comiendo mejor. Esto no tiene nada que ver con pesar un millón de kilos o 40 kilos. 

¿Qué podemos pensar de hacer dieta?

Durante mucho tiempo lo sentí como castigarme, pero más que eso como la forma de privarme de algo para cumplir con una norma. Otras veces la privación se transformo en una especie de factum de inmolación por una causa "ser flaca" y ese ser de un modo particular solo se traslucía en ser aceptada. Hay muchas razones a las que nos lleva la vida a mejorar nuestra forma de comer. Y alguno seguro pensaran es que esta chica le da tanta importancia. Bueno si, algunos de los que leen por ahi jamas debieron pensar porque ya tenían hábitos incorporados y miradas más o menos responsables sobre sus cuerpos. Tengo 26 años y recién ahora me doy cuenta de cosas que solo eran nociones: el sobre-exigir el cuerpo, dañarlo por los excesos,etc. Pero a pesar de tener tan claro todo eso me cuesta una y otra vez seguir con la dietas a pesar de sus fines. 
Por eso estos últimos días con Laura (la genia de nutricionista que tengo y me re ayuda) estuvimos hablando de esto de que la dieta no tiene un fin en si mismo, si lo pienso bien el medio que es adoptar hábitos saludables es el fin y el medio. Porque de nada sirve pastar 3 años ser una persona con x kilos menos pero que al año esta igual. Sigue comiendo, se sigue odiando al no cuidarse. Que nadie malinterprete no digo HE USTEDES ODIEN LA COMIDA!! No solo les digo CUIDENSE CON LA COMIDA; NO SE MATEN CON EXCESOS!. Y por ahí en el armado de mi discurso pasa esto que tengo un millón de prejuicios que debería trabajar más arduamente, ya que muchas veces me da vergüenza pensar tal o cualquiersobre una persona gorda. Quizás no lo pienso, es muy probable que solamente repita lo que supe socialmente durante muchos años. 

Otra cosa que deberíamos pensar siguiendo esta línea es porque todo se festeja o se relaciona al rededor de la comida y de excesos de comidas. Algunos ejemplos son las fiestas, los cumpleaños, las despedidas, etc. Ojala pudiéramos vivir en los excesos sin causarnos daños y esto va para todas las cosas que se dan en nuestras vidas (alcohol, drogas, compras, etc). Con lo que podría cerrar este maremoto de impresiones, ideas y demás es que solo tenemos un cuerpo para transitar esta vida que por lo menos a ciencia cierta sabemos que es la única. Con lo cual cuidar el medio con el que percibimos, sentimos, inteligimos; es un acto de amor no una obligación ni una imposición social.