Bueno aquí estamos de nuevo, paso
un tiempito entre las jornadas de estudiantes de la facu y otras actividades.
Sin embargo nunca es tarde para volver.
Hace un tiempo me puse a pensar
en algo que me llamo la atención cuando tenía 16 años. Quizás me puse a pensar
en esto ahora dada las circunstancias, ya que cambiar los hábitos alimenticios
parece no bastar solamente para restablecer mi salud. En resumidas cuentas
necesito de alguna manera incorporar actividad física a mi vida cotidiana.
Les contaba de este suceso,
resulta que a los 16 años luego de 3 años y medio de dieta dura y sostenida
baje 46 kilos llegando a pesar 51 kilos. Ya cuando alcance este ínfimo peso,
fue mas que nada por mis trastornos alimenticios exacerbados: anorexia y principalmente bulimia. Quizás ahora lo
pienso mientras escribo, no habría parado a no ser porque el cuerpo se volvió a
hacer notar. No se podía seguir así dado que me desgarre el esófago y me
provoque lesiones en el estomago de las reiteradas veces que vomitaba. Tan bien
con estos extremos hábitos se bajaron mis defensas entre otras cosas.
Cuando lo cuento así parece una
cosa ajena, lejana y que me alcanza otra vez.
Quería bajar de peso más sin límite
pero más que nada me horrorizaba volver a ser invisible: volver a engordar. Podría
hablar muchísimo de los fundamentos de mi ayuno y de mis vómitos pero en
realidad quería hablar de otra cosa.
Entonces cuando toque fondo decidí
que debía hacer terapia algo para
sentirme mejor porque estaba muy deprimida. Ahí fue cuando empecé con un
tratamiento psicológico en el Tobar García, me atendía un psicólogo (entre
todos los otros especialistas que veía) que se llamaba Esteban. Me atendía en
el primer piso donde había un largo pasillo que daba a una ventana. Había unos
bancos donde esperar y siempre a esa hora cuando llegaba miraba esa ventana que
me chocaba muchísimo porque esta enrejada con rejas color rojo contrastando con
el celeste pálido hasta la lividez de las paredes.
Siempre que entraba al consultorio
tenía mucha vergüenza, más que nada porque hasta ese momento había sido un mártir
de las responsabilidades y de la auto gestión. No se que me daba mas vergüenza si
la situación de descuido de mi cuerpo o mis valores morales contradictorios
sobre la perdida de control sobre el mismo. La cuestión es que cuando entraba
casi no lo podía ver a la cara al señor psicólogo, y siempre entonces miraba al
escritorio y ahí estaba escrita como un rasguño, como una llamada de auxilio
tallada por algún otrx secreto que parecía entenderme, la palabra LIBERTAD.
La contradicción lo hacía más
atractiva era una potencia, salir de esa prisión que era el cuerpo. Pasaron las
sesiones, los años, la vida y el cuerpo fue borrado. Cuanto más lo borraba más
obraba en mi esa falsa libertad, ese escapar del cuerpo y a la es se reafirmaba
en malestares y deterioro.
(( Pedro me interrumpe y todavía me
da vergüenza aunque medie la palabra que vea lo que escribo, parece que los
viejos hábitos se resisten))
Hace un tiempo cuando empecé a
cambiar mi forma de ver el cuerpo y aunque me falte muchísimo por recorrer pienso que ya no tengo vergüenza. Y no me
siento obligada a bajar de peso, etc. Quizás lo más increíble es que cambiar
los hábitos a hábitos saludables si fue la primera decisión libre que hiciera
respecto de mi cuerpo. Sin borrarlo, sin obviarlo sino aceptándolo como es. Ahí
me parece que esta la libertad cuando elegimos habitar el cuerpo y no vivirlo a
partir de las consideraciones de otrxs.
Muchos días con las elecciones
que hago, cuando voy a verla a Laura mi nutricionista tengo que luchar para no
caer en las exigencias sociales, medicas y por sobre todo moralizadoras del
cuerpo. Porque si este proceso solo es una dieta eventual y no un cambio de
perspectiva respecto de los usos que le daba, le doy y le daré a la comida
nunca voy a poder habitar el cuerpo que tengo.
Me parece que cada día es un paso
y una elección libre en un sentido muy positivo. Elegir por uno y a partir del
cuerpo que tiene uno.
Saludos a todxs
Me encanta como usas las palabras para expresarte, Luz! Sos increíble! Y apoyo cada una de las frases que lograste redactar. Aunque veces es difícil lidiar con el cuerpo propio, y uno se somete a dietas terribles, entre otras prácticas poro saludables, es bueno tener las cosas claras, y también es bueno saber que contamos con personas dentro de nuestro entorno para ayudarnos. Y si no es dentro, fuera, así como la ayuda que brinda un psicólogo o un nutricionista.
ResponderEliminarTe mando muchos besos!!!