lunes, 3 de febrero de 2014

Desprenderse del atracón


Desgraciadamente, con una mirada un poco ingenua, podemos dar cuenta de uno de los males que cultural y socialmente se sostiene tanto del Estado como la sociedad en general: “La del buen comer”. Me  parece que lo podemos abordar pensando tres ejes: las vacaciones o la cultura general del atracón, la herencia del atracón (como perspectiva historia de las formas de comer culturales que tenemos) y la conformación de identidades que remiten a un cuerpo biológico y que a la vez no lo hacen (la ambigüedad que nos obliga a adoptar el imperativo de la belleza perfecta y permanente que circula en todos los órdenes de la vida.
Hace unos días venía pensando que uno puede pensarse desde los hábitos alimenticios y su relación con el cuerpo. Con esto no estoy describiendo físicamente ningún cuerpo.
De la cultura general del atracón
Por ejemplo, desde hace un tiempo que vengo trabajando en la que llamare “mi lógica del atracón”. Este verano hice un esfuerzo para no irme al extremo de las malas conductas alimenticias. No comerme 15 churros, no clavarme un helado por día, etc. Se transformo en una especie de análisis cultural al ver diversos fenómenos frecuentes que suceden en los centros vacacionales. Ya que  lo loco es la actitud cultural que uno encuentra en las vacaciones en relación a ingestas desmesuradas y cuerpos que tienen un impacto de doble cara. Dentro del tema de la oferta de alimentos, un buen ejemplo es que muchos de los lugares de comida que encontramos tenía poco o nada en oferta saludables, pero si abundaban los fritos con altos contenidos grasos, que dicho sea de paso ni a gordxs, ni a flacxs hace bien.  Los pocos platos saludables eran insustanciales. Uno de mis amigos eligió una ensalada y con suerte era un plato de postre miserable, con lechuga sin madurar cuasi verde y unos pedazos inexistentes de remolacha. Claramente acceder a esta opción era muchísimo más caro que una minuta al paso como un sanguche de mila con fritas.
Por un lado, podemos preguntarnos por qué se mantiene una cultura de la dieta de octubre a diciembre y un desbarranco alimenticio a partir de las fiestas y principalmente en las vacaciones. Puesto que podemos dar por hecho que  la cultura alimenticia que tenemos los argentinos deja mucho que desear.  La especulación que surge no solo en restos sino también en los comercios o almacenes era increíble. Otro indicio es que el kilo de manzana o bananas salía un 50% más que en la CABA y significaba un 30% más respecto del aumento general que había en los precios del lugar.
Y por ultimo no olvidemos al churrero que pasaba una vez cada cinco minutos o a los puestos de choclos que dentro de todo era lo “más saludable” de la oferta.
Se puede realmente optar por hábitos saludables en las vacaciones y hablo exclusivamente yendo a la costa argentina. O es todo parte de un flujo del mercado del consumo que nos obliga a entrar en la bikini xxs y a la vez comernos una docena de churros.
En lo particular puedo sentir la violencia sobre mi cuerpo, sobre las directivas sociales y culturales que obran sobre él. Que le imponen modelos imposibles pero que a la vez nos muestran lo que sería  la “decadencia”  porque vemos cuerpos reales en la playa, cuerpos no normalizados por la policía de los cuerpos.  Pero a la vez encontramos refuerzos sobre estos estereotipos: las promotoras mega delgadas ofreciéndonos bebidas llenas de azúcar, los alimentos altos en contenidos graso, la escasa posibilidad de acceder a alimentos más saludables por sus altos precios.  No obstante, quiero señalar que lo más importante en esto que señalo es que no hay ni una impronta cultural, ni política por comer saludablemente.
Donde el imperativo que se deja traslucir es todxs los cuerpos deben ser hermosos frente a este ideal de mercado, más allá de los límites corporales, los hábitos alimenticios saludables o la salud psíquica de los consumidores.

Para la próxima sigo con el siguiente apartado.

1 comentario:

  1. primer que nada, ya se lo extrañaba al blog. que bueno que siga adelante. la proxima entrada se viene con todo.
    yendo al tema en cuestion: que pedorra la ensalada esa. en algun lugar de limbo el hipopotamo de pumpernick se rio de mi. encima, contra la carne de ternera y el aceite (ok, freis seis toneladas de res por litro asi que lo amortizas), ¿seriamente me vas a cobrar lo mismo o mas por dos granos de choclo entrelazados con unas tiritas de lechuga?. notable como no habia "promos" saludables, eso se compra aparte. lo-que-sea con fritas era de la promo 1 a la 16. ay de vos si sos celiaco, vegano, vegetariano, te sacaron la vesicula o simplemente no te pinta milanesa por vez numero diez. y la ensalada era casi de compromiso, como si el mensaje fuera "dale negro, aca entre nos, no viniste a la playa a comer pasto. el aceite que no te vas a untar para broncearte porque la capa de ozono se murio te lo vamos a hacer comer. y si queres verdura, pedi hamburguesa completa".
    me gusto "desbarranco alimenticio"

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